Introducción
“Si una nueva y terrible enfermedad apareciera de pronto en
América (una enfermedad de causas desconocidas, con posibilidades de
intoxicar el agua o el aire) seguramente sería tratada como una emergencia
nacional.
Supongamos que esa enfermedad tiene un efecto tan peligroso
en nuestro sistema nervioso que 10 millones de personas en nuestro país se
vuelven insanas por períodos que duran entre unas pocas horas o semanas o
meses y estos períodos se repiten por períodos que duran entre 15 a 30 años.
Supongamos que durante estos períodos de insanidad se
cometen actos de destructividad de tal naturaleza, que la vida material y
emocional de familias enteras se vería en peligro, con 40 millones de
personas cruelmente afectadas. El trabajo en negocios, industrias,
profesiones y fábricas se vería muy perjudicado, saboteado o sencillamente
no realizado y ese año más de mil millones de dólares se necesitarían
para arreglar en una pequeña medida, los daños ocasionados por tal
enfermedad.
Finalmente, imaginemos que esta enfermedad tiene la
particularidad de alterar el juicio de una persona, a tal punto que no le
permite ver que está enfermo, distorsionando de tal manera su forma de ver
la vida que desea seguir estando enfermo.
Tal emergencia, incuestionablemente, sería catalogada como
un desastre nacional, y miles de millones de dólares y miles de científicos se
pondrían a trabajar para encontrar las causas de esta enfermedad, tratar las
víctimas y prevenir su extensión.
La temida enfermedad que acabamos de describir está
actualmente aquí: es el alcoholismo”.
Ruth Fox, M.D.
Presidente de American Medical Society on Alcoholism (1981)
